Sopa de Cebolla Gratinada: Receta Completa y Deliciosa
Sopas-e-caldos
Glossário Culinário
Gratinar es llevar un plato ya armado al horno bien caliente para dorar la superficie, formando una costra dorada y levemente crocante. El calor intenso derrite el queso o tuesta la cobertura mientras el interior termina de calentarse. Es el toque final de la sopa de cebolla con queso derretido por encima, de la lasaña con la capa superior burbujeante y del escondidinho con el puré dorado. Más que cocinar, gratinar sirve para dar color, textura y contraste al plato listo.
El gratinado pide horno bien caliente, entre 200 y 230 grados, y fuente baja o asadera que exponga bien la superficie al calor. La cobertura clásica lleva queso que derrita bien, como muçarela o parmesano rallado al momento, muchas veces combinado con un poco de pan rallado para dar crocancia. Una capa fina y uniforme dora pareja; una capa demasiado gruesa puede quedar cruda en el medio o quemarse en los bordes. El punto justo es el dorado uniforme y burbujeante, sin puntos negros, que dejan gusto amargo.
Gratinar finaliza lasañas, escondidinhos, panqueques ya rellenos, verduras cocidas con salsa blanca y sopas servidas en tazón refractario, como la sopa de cebolla gratinada. También funciona con papas en capas, berenjena y zapallito en rodajas y sobras de arroz o fideos transformadas en fuente de horno. En la práctica, casi todo plato cremoso armado en asadera gana una versión gratinada: basta cubrir, llevar al horno caliente y servir aún burbujeante.
La palabra viene del francés gratin, que indica exactamente esa costra dorada que se forma en la superficie. En la cocina francesa, raspar la esquinita pegada de la fuente era considerado el mejor bocado, de tan sabroso. Un detalle útil: el queso rallado al momento gratina mejor que el de bolsita, que suele llevar aditivos para no apelmazarse y se derrite con menos fluidez.